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Entrevista a Denzel Washington

Durante mi breve, pero prolífico, paso por la filial regional de The Hollywood Reporter en Macao, tuve la suerte de entrevistar a múltiples artistas de gran talento y renombre. Entre ellos se encuentra una infame entrevista a Denzel Washington. Nunca pudo ser publicada por presión de sus agentes. Entiendo sus motivos, pero no puedo evitar sentir resentimiento, ya que se trata de una historia inaudita que bien podría haber copado portadas y haberme permitido dar el salto a la fama. Ahora, tras el fallecimiento de Denzel, mi iguana mascota homónima, me he animado a publicar una copia de la transcripción de la entrevista. Traducida al español en honor a Denzel. Insisto, para evitar la confusión, que el homenaje es a Denzel mi iguana muerta, no al actor que, hasta donde llegan mis pesquisas, está vivo.

Todos los periodistas estamos sentados en la sala de prensa. Tengo la suerte de sentarme en el centro de la sala y ser el primero en entrevistarle. Debo confesar que, más que suerte, es que le he dado el cambiazo de ticket de turno a un compañero de profesión algo despistado. Denzel entra con elegancia y porte. Derrocha sobriedad y señorío. “Es algo así como el Adolfo Suárez afroamericano” me digo hacia mis adentros. Intento contenerme la risa ya que mi apreciación, aunque tiene su aquel, es, desde luego, polémica, y si me pidieran que comparta el chiste con el resto de la sala de prensa sería el hazmerreír de mis compañeros.

Denzel se da cuenta de mi esfuerzo por contener la risa. Al darme yo cuenta de la dimensión pública de lo que yo pensaba que estaba siendo una cara de póker excepcional, intento contenerme con más fuerza. Para mi sorpresa, Denzel no muestra enfado, sino una comprensión tan elegante que hasta resulta confusa. Pone su mano en mi hombro.

Denzel: No todos reaccionamos como se supone que deberíamos hacerlo. No te preocupes, me ha pasado alguna vez, es normal. Ya habrá tiempo de llorar.

El oscarizado actor toma asiento tras sus palabras. Asumo que debe haber pensado que la risa es por los nervios de verle. Y que luego lloraré por la emoción de haberle conocido, o algo así. Quizá no haya sido muy humilde, pero desde luego no puedo quejarme de que acabe así este malentendido. Mi risa podría haber llevado al bochorno. Por suerte se trata de todo un caballero, con su elegancia, porte, sobriedad y señorío.

Yo: Gracias, Denzel. Bueno, acabas de protagonizar-

Denzel: No te esperaba tan joven. Perdón por el comentario, pero eres joven, realmente joven. No estoy muy seguro de cómo sería posible que alguien de tu edad pudiera tener un hijo adoptivo en edad para hacer el servi… Perdón. Continúa, por favor.

Me sorprende su apreciación. Razón no le falta, aunque me parece demasiado específico. Pero Denzel derrocha elegancia, porte, sobriedad, señorío… Quién sabe qué rutas toma una mente así.

Yo: Sí, bueno, gracias supongo, decía que-

Denzel: Gallwn gynnal y cyfweliad yn Gymraeg os yw’n well gennych.

Yo: … Perdón, debo tener el inglés oxidado.

Denzel: Era galés. Te decía que, si lo prefieres, podemos hacer la entrevista en galés.

Yo: Mmm… No, preferiría que no, si le soy sincero.

Denzel: Entiendo, debe ser muy pronto, querrás mantener la cabeza en otra cosa.

Yo: No sé si le entiendo.

Denzel: Oh, yo…

Denzel se queda en silencio. Yo también, no sé qué decir. El galés es la lengua materna de Denzel, mi iguana, que a momentos de esta entrevista está, hasta donde yo sé, viva. Pero si ya me parece improbable que Denzel Washington sepa de la existencia de mi mascota Denzel, más raro me parece que sepa que mi iguana se crió en Cardiff.

Denzel: Corramos un tupido velo. Por favor, prosigue con la entrevista.

Yo: Sí… Bueno. En esta película usted interpreta a un soldado, ¿cómo ha sido preparar este papel?

Denzel: Antes que nada, me gustaría darte las gracias por dedicar tu tiempo a esta entrevista, más en estos momentos. Respecto a la pregunta, me he tomado muy en serio este papel, más aún cuando oímos la trágica noticia de que, efectivamente, había estallado en realidad la guerra de independencia sobre la que teorizamos entre Escocia, Gales, Irlanda e Inglaterra. Pero, de verdad, muchas gracias, me siento muy honrado por su compromiso laboral. Es usted un ejemplo.

Yo: Bueno… Gracias, supongo que es por interpretar a un soldado galés que antes ha hablado en galés.

Denzel: No, no es por eso… Perdón, pensaba que ya sabrías por qué lo hacía, pero mejor sigamos.

Yo: Ya… Vale. Precisamente sobre el compromiso laboral quería hablarle. Debió ser duro trabajar en la producción de una película bélica hipotética y ver cómo, durante el rodaje, estalló de verdad dicho conflicto.

Denzel: No fue fácil. Pero creo que es mucho más difícil ser padre y saber que tu hijo está combatiendo en el frente. (Hace un gesto con las manos para señalarme). Eso sí es complicado, de verdad lo pienso. Permíteme decirte que no me quiero ni imaginar cómo debe sentirse ser padre y que tu hijo se juegue la vida cada día.

Debo reconocer que para este punto de la entrevista dejo de pensar en Denzel (el actor, no la iguana) en términos de elegancia, porte, sobriedad y señorío. Sus apreciaciones solo parecen explicarse por el consumo de sustancias, y mi ética personal se enfrenta a mis ganas de mantener viva esa imagen que tenía de Denzel (el actor, insisto, no la iguana).

Yo: Creo que entiendo a lo que se refiere. Qué me puede decir sobre trabajar con Iñárritu. ¿Cómo ha sido la relación con el director?

Denzel: Entiendo por el comentario de antes que no eres galés. ¿Tu pareja?

Yo: … No…

Denzel: Adoptar a un pobre huérfano extranjero siempre es un acto heroíco que debemos aplaudir, incluso cuando resulta extravagante. (Se reclina sobre la silla). La mayoría prefiere adoptar en países más exóticos, pero tiene mucho valor adoptar extranjeros occidentales.

Yo: Bueno, supongo… Debo serle sincero. No estoy entendiendo del todo algunas de sus respuestas y comentarios. ¿Se encuentra bien?

El actor en ese momento cruza la mirada con su agente. Niega con la cabeza y vuelve a mirarme. Coge aire.

Denzel: Es cruel seguir con esto, debes saber la verdad. Tu hijo, el soldado galés, ha fallecido durante una ofensiva inglesa, hace escasas horas. Me han advertido de ir con cuidado, pero veo que no estás al tanto y, de padre a padre, creo que debes saberlo. Aunque duela.

Yo: Yo no… Quiero decir, no me suena… Diría que hijos no… No tengo. Que yo sepa, vamos.

En ese momento Denzel me mira a los ojos muy serio (el actor, no la iguana, que recordemos que sigue con vida en este momento). Más que elegancia, porte, sobriedad y señorío, derrocha enfado, parece que le molesta que no me tome en serio sus palabras.

Por suerte para mí, todos en la sala dejan de mirarme cuando otro periodista, el hombre al que le había dado el cambiazo de turno, empieza a llorar desconsoladamente al fondo de la sala. Sus gritos de desesperación me resultan inentendibles, ya que son en galés y, pese a que me resulta absurdo tener que aclararlo tres veces en un solo artículo, no hablo galés.

Tras un arrebato de ese escandaloso y maleducado compañero periodista, Denzel (el actor) se va llorando y pidiendo perdón a todos los presentes. Todo ello me hace pensar en Denzel (la iguana) y también lloro. Recordemos que mi iguana todavía no ha fallecido, pero ese fatídico final me hace pensar en que uno nunca sabe cuándo será la última vez que vea con vida a Denzel (tanto la iguana como el actor).

Tras ser mandado a Manila por orden del rey, Nando quedó inconsciente en un ritual de meditación filipino. En sueños, fue visitado por un fantasma, el de las navidades pasadas. Tras una visión francamente larga y mal estructurada, extrajo la moraleja: No debía volver a fiarse de ningún desconocido, menos aún si este desconocido era Ronald Reagan.

Al despertar el joven explorador, agarró una máquina de escribir, aunque no recordaba del todo qué era exactamente lo que le pidió el rey que escribiera durante sus viajes. Junto a su inseparable chimpancé, 'Meneo', ahora busca que alguno de sus pergaminos le lleve a encontrar la tetería mágica de Ronald Reagan. Seguramente ese fuera el propósito de todo este viaje. O algo parecido.

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