Día 1
Por fin he vuelto de mis vacaciones en Grecia. Está claro que uno no puede irse tranquilo de vacaciones. A los amigos que vinieran a regarme las plantas les dejé un pequeño detalle, una pequeña broma, un guiño si se quiere. Dejé un muñeco de vudú de mí mismo. No me dijeron nada del muñeco, ya no te digo una foto o un vídeo, ni un mísero “jajaja” por mensaje. En fin. La cuestión es que ahora no encuentro el muñeco de vudú por ningún lado. Deberían haberlo dejado exactamente donde se lo dejé yo. Que ahora mismo no recuerdo muy bien dónde lo dejé, pero estaba más a la vista, eso seguro. A lo tonto me he pasado el día poniendo el salón patas arriba, y nada, oye. Lo peor es que tanto se debieron entretener con el muñequito que las plantas ni las miraron, porque están sequísimas. Las he regado un poco hoy. A ver si mañana remontan. Y de paso a ver si encuentro el dichoso muñeco.
Día 2
Al acabar de teletrabajar he vaciado la nevera y el congelador, pensaba que el muñeco podía estar ahí porque he estado toda la mañana con frío, pero nada, ha resultado ser que me había dejado el aire acondicionado al mínimo toda la noche.
Lo de las plantas no pinta bien. Hay una que sí que está estupenda. Pero ayer ya lo estaba, debe necesitar menos agua. El resto secas y alicaídas. Me ha recordado que debería llamar a mi madre. No creo que sepa nada del muñeco, pero querrá que se lo cuente. Seguramente me riña. Ella siempre ha creído mucho en cosas como el vudú, el reiki o los Hombres G. Creo que ya la llamaré mañana, después de pasarme toda la tarde limpiando la casa en busca del muñequito, lo que menos me apetece es que mi madre me tenga al teléfono 2 horas para limpiarme los chakras.
Día 3
Hoy he llamado a mi madre. Tal como me imaginaba. No le ha hecho mucha gracia. No había ni terminado de contarle lo del muñeco y ya se ha puesto histérica a recordarme todas las veces que me he olvidado de su cumpleaños. Supongo que será una especie de ritual para quitar los males de ojo. Males de ojo no se si quita, pero las ganas de hablar con mi madre desde luego que sí. Me voy a dormir sin pistas sobre el paradero de mi muñeco de vudú, pero teniendo claro que soy un mal hijo y que lo mismo el pisito en la playa lo tendré que compartir con mi hermana. Las plantas siguen más o menos igual.
Día 5
Ya no sé dónde puede estar el muñeco, he buscado por todo, hasta en el balcón. Tengo la hipótesis de que lo deben haber cogido sin permiso los críos de mi vecina, ya que por la tarde me ha empezado a doler mucho la espalda, seguro que esos salvajes están jugando con ese muñeco como unos brutos. Esos niños necesitan un buen grito a tiempo.
No he podido ir a hablar con mi vecina porque me ha llamado mi padre. Se ve que anteayer fue el cumpleaños de mi madre. Supongo que eso explica la desproporcionada reacción a lo del muñeco de vudú. La bronca de mi padre ha sido de espanto, ni que me hubiera olvidado del suyo. Tendré que averiguar cuándo cumplen años mis padres, porque a este paso se complica incluso lo de compartir la herencia del pisito en la playa.
Día 8
Lo de la espalda fue a más. He estado varios días en cama. Hoy por fin me he podido levantar e ir y recuperar mi muñeco de los asalvajados de abajo. No han recibido mi visita con entusiasmo. La vecina me ha acabado echando a gritos antes de poder encontrar el muñeco, aunque supongo que la vecina sabe algo, porque mientras me intentaba golpear con un paraguas le insistía a sus hijos que se escondieran en su cuarto, seguramente para esconder el muñeco. Me empiezo a desesperar, pero no quiero perder la esperanza.
Día 10
La policía me ha pedido que no vuelva a acercarme a la casa de mi vecina. Se complica la extracción, pero algo se me ocurrirá. Respecto a las plantas, se confirman mis peores sospechas: he tenido que tirarlas todas menos una. Me he enfadado un poco porque casi todas fueron regalos de mi madre. Voy a tener que reemplazarlas, viendo cómo se puso el otro día al enterarse que estaban pochas, como se entere de que han muerto acaba dejando el pisito en la playa solo para mi hermana. Lo bueno es que la que queda con vida se mantiene con un tono verde muy sano. A ver si puedo pasarme un día de estos por la floristería para que la vean, debe tratarse de un súper espécimen.
Día 15
Ni rastro del muñeco. Estoy total y completamente desesperado. He preguntado a todos los vecinos, pero nada, no saben nada. Vaya falta de interés por lo que pasa a su alrededor. Podrían vivir al lado de un loco y ni se enterarían. Esto se lo he dejado bien claro a todos ellos. Creo que les habrá quedado claro que no saben si están compartiendo edificio con un loco y esa es una actitud muy peligrosa. Reconozco que en alguna ocasión he perdido un poco la compostura y he acabado repitiendo varias veces lo de que podrían vivir junto a un loco a grito pelado, pero es por su bien. ¿Se lo podría haber dicho más claro? Quizá, pero no más alto, eso seguro.
Día 20
Mañana me van a oir mis amigos. Resulta que en la floristería me han dicho que la planta que quedaba viva es de plástico. Y yo aquí regándola con cariño. No solo no me regaron las otras plantas, sino que encima me dieron el cambiazo con esta. No doy crédito. Cuando les llame les preguntaré a ver si saben algo del muñeco.
Día 21
No termino de recordar a quién le pedí que se encargara de regarme las plantas. He estado horas intentando hacer memoria, pero nada. Ya es raro, porque no es que tenga muchos amigos. De hecho diría que amigos, lo que se dice amigos, no tengo. Y menos después de esto. Le tendré que preguntar a mi hermana, a ella se lo debí contar de camino al aeropuerto.
Día 25
Lo del muñeco pinta mal. Lo deben tener abandonado en un rincón de la casa de mi vecina, porque me ha entrado mucha alergia. El polvo y los ácaros me dejan fatal, me imagino que mi muñeco será igual. Por suerte he visto que han convocado una junta de vecinos extraordinaria la semana que viene. Será un buen momento para volver a preguntarles, porque últimamente no me cruzo con ninguno. De paso le cantaré las cuarenta al administrador, porque si no llego a abrir el buzón del vecino de arriba por error ni me entero de esta junta extraordinaria.
Día 27
Misterio resuelto con lo de las plantas. Se encargaba mi hermana. Pero justo al dejarme en el aeropuerto tuvo un accidente con el coche y estuvo hasta la semana pasada en coma. Le he colgado en seco. Vaya falta de responsabilidad y respeto no haberle pedido a otro que se encargara de mis plantas. Cuando me pida que cuide de su crío ya verás qué poca gracia le hará que haga lo mismo.
Día 28
Estoy convencido de que el muñeco lo han dejado en el baño, porque me he despertado habiéndome meado encima durante la noche. Impropio en mí, llevo sin hacerlo desde que tenía 27 añitos. Por la tarde he recibido otra llamada de mi padre, y puedo despedirme del pisito en la playa. Me parece injusto que se lo quede solo mi hermana. Ahora con la silla de ruedas no creo que vaya a aprovecharlo.
Día 30
Un mes y no sé nada del muñeco de vudú. Me he despertado con cojera, esos cafres de abajo le habrán arrancado una pierna al muñeco o algo. No tienen respeto por nada ni nadie. La madre tampoco, desde el incidente del piso que siempre que me los cruzo por el barrio me señalan y corren. Es de mala educación señalar a la gente por la calle. Voy a volver a colarme en su piso y cuando lo haga pienso regañarles, si la madre no les educa, alguien tendrá que hacerlo. Mañana es la junta de vecinos, no debo olvidarme.
Día 31
No he llegado a preguntar por el muñeco. Resulta que el único punto de la reunión era yo, ha sido innecesariamente incómodo. Me parece desproporcionado lo de que me vayan a denunciar. No creo que sea del todo mi culpa. Reconozco que podría haber consultado con los de abajo antes de rebuscar en su casa, aunque creo que la situación lo requería. Mis disculpas no han sido recibidas con el entusiasmo que esperaba, creo que la cosa se ha torcido cuando he mencionado que no era la primera vez. “Si me cuelo en tu casa una vez, culpa mía, pero, si se repite, culpa tuya y culpa de tus hijos por perder una copia de tus llaves” ha sido lo último que he podido decir, luego las cosas se han puesto feas.
Día 70
Me he tenido que mudar a unas cuantas manzanas de distancia y he perdido la planta de plástico por el camino. Ahora bien, he encontrado el muñeco. Estaba en mi maleta. Llevo días llamando a mi familia para darles la buena noticia, pero no me lo cogen. Tienen la piel muy fina, y eso que la culpa en el fondo es de mi hermana. Si ella supiera conducir podría haber regado mis plantas y deshecho mis maletas, tal y como le pedí. Y nos habríamos ahorrado todos estos malentendidos y un juicio. Al menos espero que el juez valore lo irónico de este desenlace.


enhorabona, llegareis cerca