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Anotaciones a un futuro chiste sobre Gene Hackman

El verano de 2017 mi familia decidió pasar una semana en un resort de Benalmádena. Huíamos del acoso mediático que había despertado la calabaza gigante con patas que mi padre crió en su huerto. Como dijo mi madre antes de desempolvar las maletas de esparto: “Necesitamos un respiro de esos pies anaranjados”. 

El caso es que un día de esa semana de relax coincidimos con Gene Hackman, su mujer y uno de sus perros en la cola de unos baños públicos que después resultaron ser una sex dungeon poco higiénica; por lo que nos marchamos. Durante la espera mi padre se armó de valor y decidió hablarle. Como no controlaba muy bien el inglés, me agarró por el pescuezo y, prometiéndome una figura de acción articulada de John Cleese, me hizo ser su intérprete. 

Qué maravillosa era aquella pareja. Estuvimos riendo todo el tiempo. Ella, la mujer, nos dijo que se dedicaba a no sé qué y él, Gene Hackman, nos contó que estaba preparando no sé qué otra cosa. Fue una delicia. El perro también parecía que estaba a punto de decir algo, pero jamás llegaba a pronunciar una palabra. Creo que era admirador de la calabaza con patas de mi padre y no se atrevía a decirlo. 

Antes de marcharnos, Gene Hackman, mientras buscaba algo en sus bolsillos, nos contó que, para él, el acto que más dignifica a una celebridad, lejos de premios y calles con sus nombres, era aparecer en un chiste. Mi padre, ya cansado de él, no quiso que le tradujera aquella confesión y se limitó a decir: “Very good”. Sin embargo, yo no he dejado de pensar en ella. Al llegar al hotel, cogí papel y boli, y me puse a escribir algunos esbozos y anotaciones que al final no llegaron a nada. Mi padre había conseguido cultivar una sandía con cejas en el jardín del hotel y nos tuvimos que ir antes de que la gente hiciera demasiadas preguntas.

Ahora, años después, tras la muerte de Hackman y compañía, he reunido todos los apuntes y chistes inacabados. Ninguno llegaba a nada, por mucho que buscara una temática específica que me llevara al punchline perfecto. Igualmente, he querido agruparlos aquí por si alguien puede darle mejor uso que yo: 

Chiste 1. Temática: “El peligro del suelo húmedo”

Entran Gene Hackman, su mujer y un perro a un bar.
Gene Hackman se sienta en un taburete. La mujer se cae y el perro pregunta si está mojado.

Chiste 2. Temática: “La torre de Babel”

Entran Gene Hackman, su mujer y un perro al bar del British Museum.
El barman dice: “¡Coño, las nuevas momias!”
Y nadie le entiende porque, claro, ahí no hablan en español.

Chiste 3. Temática: “Universos Paralelos”

Entran Gene Hackman con Torcuato Luca de Tena en la recepción del Club de Petanca Es Gorg Blau.
Dice Torcuato: “Aquí no era”.
A lo que contesta Gene Hackman: “Me muero”.

Chiste 4. Temática: “Modern Famíly Season 3, Episode 13”

Entran Gene Hackman, su mujer y su perro en un bar.
“Pongan tres pintas”, grita el actor.
“Marchando”, dice el camarero.
Después de veinte minutos sin recibir su bebida, el perro se mosquea. “Esto es absurdo, padre”.
Ante tal sentencia, Gene Hackman se pone a llorar: “Pensaba que nunca me llamarías papá”.
El camarero trae las tres cervezas. La mujer pega un sorbo y exclama: “Soy madre de trillizos”.

Chiste 5. Temática: “aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah”

Entran Gene Hackman y Stanley Tucci a un bar de carretera.
“Viejos tiempos”, dice el actor bueno.

Chiste 6. Temática: “Feminismo”

Entra la mujer de Gene Hackman -que casualmente se llama La mujer de Gene Hackman- y un perro a un bar.
Se piden una botella de anís.
“Yo me pondré detrás y tú empujas”, le dice el chucho.

De repente Iniesta mete el gol del mundial de 2010.

Chiste 7. Temática: “Misgender paradox”

Entran Gene Hackman, su mujer y un perro a un restaurante cantonés.
“Pediremos lo de ella” dice Hackman.
“El restaurante está vacío” dice el camarero.
“Entonces lo tomaremos para llevar”, contestan los tres al unísono.

Chiste 8. Temática: “I Love Bielorrusia”

Entra Betsy Arakawa y un perro lanudo a un bar de Swing.
“Pónganos el especial de la casa”.
El camarero trae un diorama de la Sagrada Família… ¡Y está bastante rico!

Chiste 9. Temática: “Juventud, divino tesoro”

Entran a un bar el actor Gene Hackman, su mujer y uno de sus perros antes de que pasara nada.
“¿Se permiten perros?”, pregunta la mujer preocupada.
“Sí, madame”, responde un veterano camarero.
Los tres entran dentro del bar y son dirigidos hacia una mesa al fondo de la sala.
El bar es sencillo, pero tiene su encanto. Hay una vieja gramola y varios jóvenes dispuestos en la barra. Uno de ellos reconoce al actor.
“¡Clint Eastwood!” dice una muchacha mientras señala a Gene Hackman.

El actor se ríe. Está de buen humor. Se levanta de la mesa y se acerca al grupo de jóvenes.
“No, yo soy el otro” explica el actor.
“¿El otro cuál?”, vacila un muchacho de pelo largo.
“¿Cómo que cuál?”, pregunta Hackman ya no tan alegre.
El perro se levanta y se dirige a su amigo. “Ya han traído los picatostes”.
“¡Qué buenos!” exclama Hackman. Ambos regresan a la mesa.

Chiste 10. Temática: “Calor de agosto”

Entran en un bar cantonés de lujo Al Pacino y su mujer de muchos años menos que él.
“Es aquí”, exclama el actor.

Chiste 11. Temática: “El gallo”

Entran Gene Hackman, su perro y otro perro invitado a un bar de Oporto.
“Tres pasteles de nata, por favor”, pide el actor. Cuando traen la cuenta, Hackman hace un gesto a sus amigos caninos haciendo saber que él pagará lo que sea que hayan costado los dulces.
Los perros se miran bastante alegres. Tampoco cuestan tanto, pero claro, son perros y no saben muy bien cuánto es mucho o poco dinero.

Chiste 12. Temática: “Smartphone as a new drug”

Entra Gene Hackman preocupado en un restaurante cantonés.
“¿Ha visto usted a mi perro?”, pregunta el actor con cara de susto.
“No, pero me encantaría verlo”, le comenta una camarera novata.
Entonces Gene Hackman saca el móvil y le enseña un par de fotos. Mientras van pasando las imágenes, aparece una de su mujer. El actor se pone nervioso. “Me he olvidado de algo”, exclama. Y sale corriendo por la puerta.

Chiste 13. Temática: “Eramos pocos y parió la abuela”

Entran Gene Hackman, Boris Izaguirre y Risto Mejide por la puerta de atrás de un restaurante cantonés.
“Menuda estampa”, exclama el dueño del bar con las manos sobre las caderas.
Los tres se ríen y sin mediar palabra empiezan a probar todas las elaboraciones.
El dueño saca una cámara de fotos para inmortalizar el momento. No le importa que los tres personajes estén metiendo sus manos en los platos.

Risto prueba la salsa agridulce. “Os dije que era aquí”, exclama el presentador.
“Divino”, contesta Izaguirre. 
“No sé qué cojones hago con vosotros”, replica Hackman.

Antes de que nadie más conteste, a través de la mampara de la cocina, ven a Al Pacino entrar al local con su mujer.
El dueño del restaurante no da crédito y exclama: “Coño, Robert de Niro”.

Chiste 14. Temática: “El viejo chocho”

En un bar no entran ni Gene Hackman, ni su mujer ni su perro. Están todos los camareros y comensales esperandolos, pero no llegan. Es la hora de cerrar y no aparecen. “Descolgad los globos”, dice el dueño; un hombre bajo y con bigote simpático. Su desilusión es mayúscula; llevaba una copia de French Connection bajo el brazo. 

Al llegar a su casa le reciben sus hijos adolescentes y su mujer, que no ve de un ojo. Todos se abrazan. “En otra ocasión”, le dice la hija al padre. Una hora después, la mujer lleva al marido a su habitación. Ahí le espera Gene Hackman con los brazos abiertos. “Bienvenido a casa”, dice el actor.  “Si no eres real, no me importa”, dice el hombre mientras se abraza a Gene Hackman.

Chiste 15. “Heteronormatividad”

Dentro del ojo ciego de la mujer hay un bar humilde donde entran Gene Hackman con tirantes, su mujer en monopatín y su perro en trineo.

“Me traigan tres malibú con piña, rápido”, grita la mujer.

El perro aplaude.
Mientras le cae una lágrima por la mejilla, Hackman, exclama: “Era aquí.”

Nacido en la provincia de Tanzania, decidió tomar rumbo a Papúa Nueva Guinea para evitar casarse con una damisela portuguesa. Su desesperación se vio eclipsada por la de la dama, que emprendió un viaje en busca de su prometido que acabó con su trágica muerte a manos de Stuart Little; en su menos conocida etapa como agente del vietcong.

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