Tras ser mandado a Manila por orden del rey, Nando quedó inconsciente en un ritual de meditación filipino. En sueños, fue visitado por un fantasma, el de las navidades pasadas. Tras una visión francamente larga y mal estructurada, extrajo la moraleja: No debía volver a fiarse de ningún desconocido, menos aún si este desconocido era Ronald Reagan.
Al despertar el joven explorador, agarró una máquina de escribir, aunque no recordaba del todo qué era exactamente lo que le pidió el rey que escribiera durante sus viajes. Junto a su inseparable chimpancé, 'Meneo', ahora busca que alguno de sus pergaminos le lleve a encontrar la tetería mágica de Ronald Reagan. Seguramente ese fuera el propósito de todo este viaje. O algo parecido.
Más de Nando de Angulo
Que menso eres. Me encanta!