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Carta abierta de Ralph Fiennes a la Iglesia católica

Ahora que ha pasado suficiente tiempo desde la proclamación del Papa León XIV, decidimos publicar esta carta que el actor Ralph Fiennes -conocido por papeles como ________, ****** o #####- envió al Vaticano. Llegó a nuestras manos igual que llegan los sobres blancos a quienes no deben: corrupción. Y hasta ahí podemos leer. O escribir. Bueno, que al tío se le fue la pinza y ahora es momento de mostrar esta carta traducida directamente del yidis al inglés por %$·(=|, y traducida al castellano por Guillermo Amengual.


Señoras y flamencos, miembros de la Iglesia y fieles seguidores;

Quizá esta carta les parezca un grave atrevimiento. Por ello había pensado empezarla con una disculpa anticipada por mis palabras, pero he decidido que no era lo que tocaba y que si algo me ha enseñado mi profesión es que debo ser fiel a las frases largas donde se pierde el sentido de lo que se está diciendo y a mis sentimientos.

El caso es que he sentido con gran pesar y desilusión -y por ello hago un punto y aparte, para que se note la magnitud de mis emociones- la gran cantidad de imágenes que han circulado por los medios de comunicación mostrando la Ciudad del Vaticano llorando la muerte del Papa Francisco I. Mentiría si dijese que no me han afectado. Sobre todo, me ha dolido ver esas instantáneas de reuniones de distintos cargos eclesiásticos en las que, lo diré, ¡no me he visto! Y es que me ha extrañado que habiendo realizado una película donde se ficciona una situación como la que se está dando -me refiero a la película Cónclave y no a Harry Potter 4, aunque hay tantas similitudes entre ambas que asusta- no me hayan llamado para participar en todos esos actos y celebraciones.

Pocos podrán decir que mi papel como el cardenal Lawrence es malo. De hecho me suelen parar por la calle para pedirme autógrafos o para alabar mi trabajo interpretativo. También, aunque les parezca increíble, para que realice eucaristías al momento. Sí, lo hacen, y diré que se me da de perlas. Una mujer llegó a ponerse de rodillas para pedirme que bautizara a su hijo. A lo que le respondí: «Señora, me pilla un poco en frío». Pero lo hice igualmente porque me debo a mis personajes. Con esto quiero decir que siento -en verdad estoy convencido de que es así- que si esta es la reacción del público, entonces debo pertenecer al cónclave que está a punto de celebrarse y decidir quién es el nuevo Papa. Y, por qué no, gritar un poco por aquí y por allá y, si hace buen tiempo, hacerme un selfit en el coliseo de Roma aprovechando un paseíto en sotana; pues ventilan mucho.

Otro punto a favor es que sé hablar inglés, por lo que todos me entenderán cuando pida la réplica de mi diálogo. También debo aclarar que soy bastante tranquilo como compañero de habitaciones, ni grito, ni ladro, ni rebuzno; pese a lo que Matthew McConaughey haya podido decir sobre mí. Tampoco dependo del móvil, por lo que estar incomunicado me parece hasta un regalo. Sobre todo teniendo en cuenta que a mediados de mayo es el cumpleaños de Robert Pattinson y odia que le envíe felicitaciones con ilustraciones de Piolín, pero ¡Son mi debilidad! Y si estoy incomunicado no tendré más remedio que contenerme.

Como último punto a mi favor, y que demuestra mi compromiso con otras celebraciones comunitarias, debo decir que en 1996 protagonicé El paciente inglés y que por ello no hay ni una reunión anual de pacientes crónicos de tinnitus que me pierda. Son siempre muy amables y me dejan cantar dos veces What’s love Gotta do with It de Tina Turner; artista que da nombre a la enfermedad.

Me pregunto de verdad, y así lo extiendo a toda la comunidad cristiana, si no sería mucho pedir participar en el cónclave de este año. Además, seguramente sea el último que vea con vida, por lo que tampoco será tan incómodo para la gente. Es el capricho de un viejo actor que todavía no acaba de entender cómo funcionan las horas después de que la aguja de los minutos pasen de y media. A mí eso de menos cuarto o menos cinco me suena antinatural.

Creo haber expresado bien mis sentimientos y creo haber sido fiel a ellos. Espero con mis brazos abiertos sus respuestas. Que el Vaticano se ponga en contacto con mi agente para recibir la invitación al cónclave, las indicaciones del correspondiente dress code, el guion con acotaciones tachadas -no las tolero- y la tienda de Piolines de porcelana más cercana al Vaticano.

Siempre humilde y vuestro,
Ralph Fiennes

Nacido en la provincia de Tanzania, decidió tomar rumbo a Papúa Nueva Guinea para evitar casarse con una damisela portuguesa. Su desesperación se vio eclipsada por la de la dama, que emprendió un viaje en busca de su prometido que acabó con su trágica muerte a manos de Stuart Little; en su menos conocida etapa como agente del vietcong.

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